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El seguro que salvó mi vida del COVID

Todos sabemos que el Covid es una enfermedad muy grave que ha afectado a millones de personas, pero nunca entenderemos a fondo la importancia de cuidarnos hasta que lo vivamos en carne propia. Lamentablemente, fue mi caso, tuve que pasar por una experiencia horrible para entender la realidad en la que estamos, ahí fue cuando entendí la importancia de contar con un seguro médico.

Todo empezó hace unos meses, mi familia y yo somos del poco porcentaje de personas que realmente respetó la cuarentena, solo salíamos para cosas esenciales. Pero con el paso del tiempo y la vuelta a la nueva normalidad se ha hecho mucho más fácil contagiarse de esta enfermedad.

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Al principio, no tenía ningún síntoma y todo estaba muy bien. Al cabo de unos días empecé con dolores de cabeza y garganta, y ahí fue cuando decidí realizarme una prueba, salí positiva. Fui a consulta, me revisaron y me dieron los medicamentos para tratarme y por supuesto, me aislé dos semanas. La primera semana todo estaba muy bien, mis síntomas eran muy leves y comunes (fiebre, dolor de cabeza y garganta) ni siquiera perdí el gusto ni el olfato.


En la segunda semana fue cuando las cosas se empezaron a complicar y junto con mi problema de ansiedad la situación fue de mal en peor. Me acuerdo que estaba dormida, eran alrededor de las 11.30 p.m. cuando me desperté, ya no podía respirar. La verdad es que no era la primera vez que me pasaba, ya me había sucedido mil veces debido a la ansiedad, así que pensé que era relativamente “normal”. Intenté calmarme como suelo hacer cada vez que tengo un episodio, pero no se me quitaba, empecé a sentir un dolor en el pecho que nunca me había experimentado y ahí fue cuando me preocupé. Le marqué a mi mamá ya que no tenía contacto con ella debido al covid, me contestó y le conté lo que sentía. A mi mamá no le importó la cuarentena, entró en mi cuarto y me dijo que me cambiara para ir al hospital. Al llegar me hicieron una tomografía y mientras esperábamos los resultados, me dieron medicamento para que me calmara y el dolor disminuyera.


Al recibir los resultados nos dijeron que tenía los pulmones dañados, de ahí la sensación de no poder respirar y el dolor de pecho. Yo entré en shock y lo primero que pensé fue en todo lo que iba a necesitar, que iba a salir carísimo o peor que iba a morir. A mí se me hacía muy raro tener tan dañados los pulmones ya que yo me considero una persona sana (no fumo, hago ejercicio y como bien) pero la doctora me explicó que esta variante del covid (delta) estaba perjudicando más a los jóvenes que al resto de la población.

Me recetaron medicamentos extra, tenía que usar oxígeno varias veces al día y estar yendo a evaluación. Los precios ya se imaginarán, eran impresionantemente altos.


Pasó la segunda semana de aislamiento y fui a realizarme la prueba nuevamente. El resultado salió negativo, ya no tenía covid. Suspendí los estudios que tenía programados y continué con mi vida normal, me realicé la prueba de anticuerpos y me salieron bastantes, así que decidí salir con mis amigos, total ya no contagiaba.

Pasaron unas dos o tres semanas y me empecé a sentir muy mal, no sé si era por la misma ansiedad o algo más, no le conté a mis papás porque quería esperarme para ver si se me pasaba, pero al ver que me ponía peor, les conté y fuimos al hospital. Ahí me hicieron estudios y me dijeron que el Covid me había dejado secuelas y que mis pulmones seguían muy dañados. Me tuvieron que internar para mantenerme en observación por dos días. Entre los costos de las dos noches, los medicamentos, estudios, etc., mi familia y yo estábamos vueltos locos porque sabíamos que el gasto iba a ser muy alto, hasta los mismos doctores nos decían que iba a ser un proceso largo y, por lo tanto, nada económico. Empezamos a sacar cuentas y quedamos impresionados con la cantidad total de dinero, ya sabíamos que iba a ser costoso, pero no tanto.


Afortunadamente, mis papás hace tiempo me contrataron un seguro médico que cubrió la mayor parte de mis gastos, desde los medicamentos que compré al principio, hasta las noches en el hospital. La verdad es que yo siempre pensé que tener un seguro era un desperdicio de dinero y que nunca sería necesario, pero sucedió y gracias a que contaba con uno, fue mínimo lo que nosotros pagamos. Pasaron semanas y afortunadamente me empecé a recuperar rápidamente. Estuve entre tratamientos y estudios aproximadamente 3 semanas, sin contar las noches que pasé en el hospital, en total, estuve un mes con esta enfermedad.


En conclusión, tuve que esperar a que me pasara algo tan grave para entender la importancia de contar con un seguro. Nunca sabes lo que va a pasar en tu día a día y por eso es muy importante estar preparado ante cualquier situación. No sé qué hubiera pasado si no hubiera contado con él, definitivamente la situación sería completamente diferente, ya que, no hubiera contado con los recursos suficientes para poder adquirir todo lo que necesitaba en ese momento. Afortunadamente no fue el caso y ahora puedo contarles mi experiencia. El seguro médico salvó mi vida.