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Mi seguro automotriz me salvó la vida

Redactado por Carmen Smith


Mi cumpleaños número veintiuno fue sin duda algo que nunca olvidaré. Ese día recibí la sorpresa que todo adulto joven desearía, se trataba de mi primer auto. Mis papás lo habían planeado todo. Ellos querían regalarme mi primer auto pero me pidieron hacerme cargo de todos los gastos que éste conlleva, ya que sería una manera de aprender a ser más responsable.



Me pareció una decisión muy justa y estaba infinitamente agradecida con ellos por este increíble regalo. No dejé pasar más tiempo y me di a la tarea de investigar todo lo que necesitaba. Por supuesto, llegué a la parte del seguro, una de las partes más importantes cuando adquieres un auto. Me pasé días investigando y comparando pero no encontraba nada que se adaptara bien a mi presupuesto.


Me encontraba un poco decepcionada pero igual no desistí de la tarea, fue así cuando di con una aseguradora que me resultó bastante atractiva. Ellos me ofrecieron una cobertura que solo abarcaba daños a terceros que era muy económica. Sin duda era una muy buena opción, ya que me iba a ahorrar bastante en comparación con otras pólizas.


Aún así decidí que antes de firmar lo hablaría con mis padres, ellos tenían más experiencia y me podían orientar con esta importante decisión. Esa misma noche conduje hasta su casa y hablamos sobre el tema. Mis padres me comentaron que a pesar de que el seguro les parecía muy económico, el hecho de que no incluyera una cobertura también para mí les preocupaba mucho.


Después de discutir un rato finalmente me convencieron de contratar una póliza de cobertura completa. Quizás me iba a resultar un poco más costoso pero sí los dejaba más tranquilos, estaba dispuesta a hacerlo. Al día siguiente me puse en contacto con mi asesora para informarle que me decidía por la póliza completa. Lo siguiente fue un poco de papeleo y listo, ya contaba con mi seguro de auto.


Lo que jamás esperé fue lo que pasó al día siguiente: Mientras me encontraba preparando el desayuno en mi apartamento , escuché un fuerte choque fuera del edificio. Por supuesto me sobresalté e inmediatamente corrí a ver qué sucedía. Resulta que se trataba de un camión urbano que se había estrellado ¡justo contra mi auto estacionado!, yo simplemente no podía creer mi mala suerte.


Lo que pasó después fue que se hizo un caos total fuera de mi edificio, afortunadamente no hubo heridos pero sí que hubo daños materiales. Resulta que el conductor del camión urbano había huído de la escena y simplemente no había con quién negociar. En ese momento decidí llamar a mi aseguradora e informar del siniestro. Ellos me explicaron que en estos casos lo que procedía era poner una demanda pero que podía estar tranquila ya que todo el trámite corría por su cuenta, además me informaron que mi póliza al ser de una cobertura completa incluía también la reparación de mi auto.


Fue en ese momento que sentí un verdadero alivio y valoré muchísimo el haber pedido una segunda opinión de mis padres. Nunca sabes cuándo ni en qué condiciones pueden suceder los accidentes pero siempre es mejor estar preparados.