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Un joven que está tratando de hacerse rico con apuestas.

Redactado por Jesús Manuel Salomón


Toda la vida he sido muy fanático de los deportes, en especial del fútbol soccer. Cuando estuve en secundaria, por las tardes iba a las retas cerca de mi casa, jugaba para el equipo de la escuela y cuando acabábamos un partido nos íbamos a casa de un amigo a ver partidos de básket y de fútbol americano, siempre había algo que ver. La preparatoria fue muy parecida, cuando todo cambió fue en la universidad.


En la universidad dejé de entrenar, solo de vez en cuando iba a retas y en lugar de ir a la casa de mi amigo íbamos al casino porque ahí pasaban todos los partidos de todas las ligas. Recuerdo muy bien que al principio solo jugábamos entre nosotros a las apuestas de $50, pero con el tiempo nos dimos cuenta que en el casino existen los parley, con el dinero que apostamos entre nosotros podríamos generar más en el casino y con mejores resultados.


Cuando comenzamos en las apuestas deportivas con mis amigos, éramos muy atascados, le metimos dinero a cientos de juegos para volvernos millonarios con los $100, pero esto era algo sumamente imposible y siempre lo terminábamos perdiendo. Con el tiempo y la experiencia hacíamos lo mismo solo que ahora apostamos a 5 o 3 partidos, esto nos trajo buenos resultados y empezamos a ganar dinero.


Después de meter un parley o cobrarlo me iba a las mesas de póker o de black jack, se me hacía divertido ver las partidas y platicar con las personas que estaban apostando. Los fines de semana eran los días que más habían partidos y se hacían torneos de póker en los que se juntaban los grandes jugadores y se juntaba una buena suma de dinero donde solo los primeros tres podían obtener ganancias. Un día después de cobrar un parley que había ganado, un amigo me invitó al torneo de póker, solo había jugado pocas veces en mi vida pero dije que sí, en fin, no podía perder dinero porque era dinero que el casino me había regalado por ganar un parley.


Si no me falla la memoria había tres mesas y se juntó un total de $50,000 para el primer lugar del torneo, estaba un poco nervioso pero quería ganar ese dinero. Duré cuatro horas jugando y ya estaba en la mesa final, solo quedábamos ocho jugadores y el gran botín esperándome. Me tocó de mano un As y un rey de tréboles, mi mano favorita, la entrada era de 5,000 puntos y subo hasta 15,000, solo dos jugadores entran en la puesta, las primeras tres cartas fueron un As de diamante, una reina de corazones y un ocho de tréboles. En este punto mi corazón latía a mil por hora, tenía el par más alto, posibilidad a color y a escalera, subo 20,000 puntos, era mucho, pero me dio igual, un solo jugador me los paga, sale la otra carta y es un diez de picas, adiós color pero seguía con el par más alto y posibilidad a escalera. Decidí tomar una decisión muy arriesgada, apuesto all-in y para sorpresa mía el otro jugar me paga, soltamos las cartas y él tenía dos reinas en mano, solo me podía salvar un rey de jotas para escalera o un As para tener tercia yo también pero más alta, y como era de suponerse perdí, salió un simple tres.


Ese torneo solo me dio una cachetada, llegué a la mesa final y con una mano perdí todo, a pesar de que jugué muy bien. Ese día algo cambió en mi, me hice un fanático de póker y con el tiempo después, de black jack, era un completo ludópata pero no lo notaba. En un principio todo era color de rosas, ganaba muy seguido pero también apostaba todos los días, los fines de semana que me desvelaba viendo películas en mi casa apostaba en ligas de fútbol del medio oriente que ni siquiera conocía, solo por la experiencia, creo que me gustaba esa sensación de sentir que mi dinero estaba en juego, los nervios de los partidos, que mi equipo favorito ganara y sacar ventaja monetaria, un mundo de apuestas.


Todo se volvió muy cíclico, metía mis apuestas deportivas en las mañanas y en la tarde me iba al casino a ver los partidos. Si el partido estaba interesante me quedaba a verlo y cuando acababa me iba a la mesa de blackjack o si el partido estaba aburrido, me iba a la mesa de póker porque iniciaba temprano. Al comienzo mi regla era que si ganaba en el parley me iba a las mesas, pero con el tiempo me daba igual ganar o perder, quería la adrenalina que me hacían sentir las apuestas.


A los años me encuentro con uno de mis amigos con los cuales comencé con las apuestas deportivas, ya era todo un licenciado. Entrando en la plática me dijo que desde hace mucho dejó las apuestas deportivas porque no le dejaron nada bueno, me comentó que mejor empezó a ahorrar y abrió una cuenta de inversiones, la cual quiere para su retiro, dice que le da buen rendimiento. Por mi parte, yo seguía muy clavado en las apuestas, me empezó a decir que estaba mal, que tenía el vicio muy desarrollado, pero no le tomé importancia.


Al mes de haberlo visto me dió remordimiento de conciencia y me puse a anotar cuánto gastaba en el casino y ¡oh sorpresa! era el 70% de mi salario, el otro 30% era para mi comida y mi transporte. De todo lo que apostaba solo ganaba el 30% de mis apuestas, lo que me dió un resultado desastroso, de todo mi sueldo solo me quedaba con el 50%, tenía que cambiar, me di cuenta que estaba en un grave error.


La semana entrante llamé a mi amigo y le expliqué que tenía razón en todo lo que me había dicho y que si me podía ayudar, él muy amablemente me explicó que lo mejor que podía hacer con mi dinero era ahorrarlo e invertirlo para algún plan futuro y me comunicó con su asesor financiero, el cual me ayudó en todo y me introdujo al mundo de las inversiones.


El mundo de las apuestas es muy placentero, te consigue amigos, te trae buenos momentos, te da dinero, pero al final nada de eso sirve. Esos amigos si no vas al casino ya no los ves, esos momentos no sirven de mucho, ¿De qué me sirve decir que gané un torneo de póker si ya no juego?, ¿De qué me sirve decir que gané $50,000 en una mano en blackjack o que gané $200,000 en un parley si todo lo volví a apostar? Todo lo que te da el casino dura el tiempo que apuestes, después se va.


Hoy después de 10 años que dejé el mundo de las apuestas ya tengo mi familia, con mis inversiones pude comprar una casa en la cual vivimos, tengo una cuenta en el banco donde tengo mis ahorros e inversiones, cuento con ese colchoncito que nunca tuve de joven por cualquier cosa. Sin duda, aumenté mi patrimonio y tengo una mejor calidad de vida, ya no tengo esas emociones que me daban las apuestas, pero de vez en cuando me pongo a ver mis acciones y siento una sensación parecida, solo que ahora sí gano y estoy asesorado. Espero que mi lección les pueda servir a muchos para que no comentan los errores que comete la gente como yo y puedan tener un patrimonio y una calidad de vida estable.